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 AHORA SOY UNA MUJER

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lokitus
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MensajeTema: AHORA SOY UNA MUJER   Sáb Oct 05, 2013 2:13 am

Naci hombre y hoy soy Ana María. Tengo 23 años. Desde de mis 13 tome hormonas con el objetivo de convertirme en mujer. A los 20 me operaron para modificar mis genitales y hoy nadie dudaría que he logrado convincentemente mi objetivo. Sin embargo, no ha sido fácil. He tenido que cambiar muchas cosas en mi vida. y no me arrepiento, puesto que vivir como mujer ha sido y continua siendo una experiencia maravillosa. Sentirme femenina y compartir la vida con el hombre que amo es un placer que no lo cambiaría por nada del mundo. Mi actual condición me llena de una energía especial, una especie de alegria juguetona y amorosa. Disfruto mucho siendo bonita y graciosa para mi hombre. Cuando vi a Esteban por primera vez supe que seria el hombre de mi vida. El no conoce mi pasado y no creo que sea importante decírselo. Ya tenemos 2 años viviendo juntos y lo siento muy contento por lo que hemos construido como pareja. Cuando nos vimos por primera vez sentí una ligera descarga eléctrica. Su mirada buscando mis ojos y recorriendo mi cuerpo me hizo sentirme acariciada y deseada. En realidad, fue mi primera experiencia como mujer hecha y derecha. La primera vez que sentía que podía responder como mujer a las solicitudes de un hombre y eso me lleno de una alegría que aun recuerdo como el nacimiento de Ana Maria. Puedo decir, en este sentido, que Esteban asistió a mi nacimiento y me hizo crecer y madurar como mujer. Aun me llena de calor e intensas palpitaciones la primera vez que nos besamos y terminamos desnudos en la cama. Fue un día en que planeamos cocinar algo en su apartamento. Yo fui muy nerviosa y pensando que podría suceder lo que había estado deseando intensamente, pero que no se había presentado por razones de tiempo y....timidez. A pesar de lo que pueda pensarse, tengo una educación muy conservadora. Educación que ha marcado una relación un tanto negativa con mi entorno familiar, con la única excepción de mi madre y mi hermana mayor, que siempre me han apoyado y tratado como a una amiga. Con ellas me siento como si hubiera nacido mujer. Siento esa complicidad juguetona y femenina que acompaña al cuchicheo entre mujeres. El departamento de Esteban es muy bonito. Cuando entré la primera vez sentí un cosquilleo muy dulce e intenso en la boca de el estomago. Sobre todo cuando me mostró su dormitorio y el baño. Era como entrar en su mundo y, posiblemente...., en el mío. Desde ese momento empecé a fantasear con la idea de levantarnos juntos, desayunar juntos, vivir juntos. Me imaginaba a mi misma con algúna pijama sexy y a el con su hermoso torso desnudo y velludo preparando el café y cosas por el estilo. Así que pueden imaginarse como me sentía la noche en que decidimos cocinar juntos. Fue algo totalmente natural y espontáneo. Tenia terror a que sucediera algo forzado y que echara a perder la relación. Mi hermana me había dicho que los hombres pueden ser muy impulsivos y egoístas. Hay que tomar en cuenta que yo nunca me sentí enteramente un hombre. Pues no, sucedió de la mejor manera posible. Me imagino que ayudo el hecho de que ambos estábamos dispuestos a profundizar en nuestras “amistad” con un toque de intimidad. Fue en la cocina y estando yo de espaldas y cortando unas verduras. Se aproximó por detrás y empezó, de pronto, a masajearme los hombros. ¿Estas cansada?- me pregunto ¿No, porque?- le respondí. Pero esos tus masajes son una maravilla -continué diciéndole-, no pares, por favor, si quieres ver a una mujer feliz,. Y apoye con naturalidad mi cabeza en una de sus manos. Me sorprendí a mi misma haciendo eso y sentí una mezcla de terror y ternura que jamás había experimentado anteriormente Nos quedamos en silencio un tiempo que pareció interminable, hasta que bajó sus manos hasta mi cintura y caderas y poso sus labios en la raíz de mi cuello. Sentir por primera el contacto de su boca en mi cuerpo encendió algo que jamás había pensado tan poderoso y delicioso. Me di la vuelta muy lentamente y puse mis manos en su pecho. Nos miramos y me acaricio el pelo y el lóbulo de la oreja con muchísima ternura. Yo le frotaba el pecho en una caricia que empezaba a disfrutar por la sensación de sentirlo mío, solo mío. Y poco a poco fuimos acercándonos hasta que nuestros labios rozaron suavemente, en un principio, para continuar con una pasión que iba en aumento. Sentir la humedad de la boca de un hombre por primera vez en mi vida puso en funcionamiento y con una fuerza incontenible a la mujer de carne y hueso que venia creciendo en mi interior desde las tempranas etapas de mi adolescencia, llenas de fantasías y telenovelas. Por fin tenia a un hombre abrazándome y haciéndome suya. Por fin experimentaba las delicias de estar en los brazos de un hombre que deseaba intimidad con una mujer. Note como una de sus manos bajó y empezó a subir mi falda para acariciarme la pierna. Yo lo dejé y empecé a sentir una sensación totalmente nueva. No era la sensación puntual y focalizada de la erección que solía tener cuando era un hombre. Era, mas bien, una especie de adormecimiento y calentamiento de mi piel y mi genitalia. Como una especie de “erección interna” que subía desde mis piernas hasta mi cuello. Me daban una ganas incontenibles de que Esteban deslizara sus manos bajo mi blusa para que rozara con la yema de sus dedos la súbita dureza de mis pezones, de que bajara hasta mi entrepierna y jugueteara con la línea que caracteriza a la nueva geografía de mi sexo. En este punto Esteban me levanto y llevo al dormitorio. Yo crucé su cuello con mis brazos y no deje de besarlo en el trayecto. Sentir sus manos en mis piernas era una sensación maravillosa. Era la tierna sensación de confianza entre dos amantes. Ahí me saco la blusa, el corpiño y abrazo tiernamente. Yo le desabroche sonriendo traviesamente los botones de la camisa y apoye mi cabeza y mis senos desnudos en su pecho amplio y fuerte. Sentir su olor me lleno de una extraña alegría. Ya en ese momento me encontraba sin mis calzones que habían quedado en algún lugar de la cocina. Creo que eso me permitio una mayor sensibilidad al sentir su bulto duro frotándose contra mi pelvis. Todo parecía preludiar un verdadero paraíso. Me eché en la cama disfrutando de mi desnudez y de la presencia de aquel hombre que terminaba de quitarse la ropa, dejando al descubierto un sexo hermoso, peludo, firme y varonil. Era como un animal fiero y amoroso que se preparaba para tomarme y protegerme. Me dieron unas ganas infinitas de tomar en mis manos aquella maravilla suave y dura al mismo tiempo. De tomarla y contemplarla sin temor, de besarla, como una mujer que disfruta y cuida los recursos de su amante, sin temor a que mi mirada fuera impertinente y propia de gente rara. Era el hermoso milagro de ser era una mujer que podía disfrutar sin vergüenza del cuerpo del hombre que a elegido como pareja en la vida y en la intimidad. Sentirlo en mi interior y con su manos recorriendo mi cuerpo fueron la confirmación de algo que supe desde que tengo uso de razón: siempre fui una mujer Sentir por primera vez a Esteban abriendo mis piernas y buscando la húmeda abertura de mi sexo me lleno de un calor que poco a poco empezó a llenar el cuarto de unos gemidos dulces e insistentes. Casi inmediatamente me di cuenta que se trataba de mi. ¡Estaba gimiendo de placer como una verdadera mujer! ¡Y lo hacia de manera natural, sin fingimientos! Por eso digo que Esteban me ayudo a nacer, crecer y madurar como mujer. El contacto de su cuerpo desnudo, sus caricias y galanteos hizo que mi sensaciones como hombre quedaran como algo difícil de recordar. Que mi lugar de hembra quedara firme como un destino imposible de fingir y hermoso de vivir. Su presencia en mi vida me ubico donde siempre pensé debía estar: en este lado del mundo, en este maravilloso, amoroso, gracioso y valiente lugar que ocupamos las mujeres. Por el momento soy una persona feliz y Esteban también lo es. Ambos hemos construido un hogar y tenemos muchos proyectos en común. Nos gusta viajar mucho. Seguimos amándonos como adolescentes y compartiendo una vida productiva y sana. No sospecha de mi vida pasada y agradezco su ternura y galanteo. Soy muy bonita y él parece disfrutar mucho de la gracia femenina de su mujer. O sea de mi. Mi mama lo adora y también mi hermana. Son mis complices y los testigos mas leales de mi sufrimiento como hombre. Ambas reconocen que soy mucho mas bonita y femenina que muchas mujeres. La verdad es que no fue dificil mi adaptacion a mi nueva anatomia. Fue algo natural, fluido y que significo un verdadero alivio en mi vida diaria. Ahora siento que vivo una verdad, la verdad de mi feminidad, la verdad de ser una mujer con problemas de mujer. Se que nunca podre tener un hijo y lo lamento mucho. Sé que algún dia la ciencia nos dara, a las mujeres como yo, ese enorme y maravilloso regalo: la posibilidad de traer un hijo al mundo. El resto de mi familia se ha portado con mucha decencia y se los agradezco. Simplemente desaparecieron de mi vida. Besitos
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